Javier Fernández Quesada

 

Como queriendo retener un deseo inmediato, entré primero en una cafetería próxima donde había multitud de estudiantes. Siempre es igual: las bromas, las preocupaciones de los exámenes, los largos cafés. Pero, ¿siempre es igual?, ¿la Universidad de entonces es como la de ahora? Después, bajé toda la calle Delgado Barreto, busqué la transitada Cruz de Piedra y subí por la avenida de La Candelaria hasta la puerta lateral del recinto universitario. Entré. Mis pasos eran actuales pero mi mente estaba en 1977. Me imaginé a la Guardia Civil y sus circunstancias. Me figuré a los estudiantes asomados en las azoteas, en las ventanas del Colegio Mayor San Fernando, en los amplios jardines universitarios. A Javier Fernández Quesada lo vi por los pasillos del edificio central, por los jardines del campus… Y oí los tiros.

Cartel editado por AMEC en diciembre de 2007

Cartel editado por AMEC en diciembre de 2007

 El movimiento estudiantil en aquella época era tan intenso como el obrero. Con inusitada frecuencia los estudiantes convocaban asambleas, manifestaciones o huelgas por múltiples temas que eran específicos de su ámbito: contra la selectividad, contra el númerus clausus, por una reforma democrática en la enseñanza, etc., pero también participaban en las reclamaciones o protestas que afectaban al resto de la sociedad como el paro, las libertades democráticas, la desarticulación de las bases americanas, la amnistía, etc. Tampoco a las aulas universitarias acudían sólo los estudiantes o profesores pues, aún en 1977 y durante algunos años después, la Policía montaba su propio servicio de información dentro de la Universidad.

Fragmentos seleccionados del libro: “El sumario Fernández Quesada ¿Una Transición modélica?” *

 

*Burgos, R. El sumario Fernández Quesada ¿Una Transición modélica? Idea, S/C de Tenerife, 2008

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6 pensamientos en “Javier Fernández Quesada

  1. Eladio Chinea:
    El viernes dejé el coche por allí, pasé por el hall de la universidad. Me había olvidado del aniversario (no siempre sé el día del mes hasta el tercer café). Ante mi sorpresa, un follón de cámaras… Enfocaban a un tipo que, frente a la placa, leía unos papeles sobre los derechos humanos -de la forma más abstracta y genérica que pudiera uno imaginarse. Se trataba de nuestro amadísimo -y poco magnífico- rector. O sea, el mismo tipo que victimiza con normas franquistas apropiándose de las víctimas del tardo-francato monárquico¡ En fin, un absurdo más de la actual confusión de memoria y recuerdo. Mientras no estemos a la altura, los verdugos seguirán apropiándose de nuestros muertos. (Me temo que también lo harán conmigo cuando me muera).

  2. Cuando pienso que el fallecido, hubiese sido yo, mi mente se queda en blanco, ese mediodía, ajeno a los acontecimientos de la mañana, realizo mi tradicional trayecto a la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación en compañía de otros compañeros, hoy reconocidos oncólogos, nos sorprendió la quietud ambiental, al comprobar que no había actividad lectiva, emprendimos el camino de vuelta inmediata, a pocos metros abajo, se desarrollaban los tristes hechos que marcaron a muchos. Años después, mi servicio militar, se realizó en el mismo destino que lo cumplió Javier, paradojas de la vida.

  3. Pingback: ¿Cómo debemos recordar a Javier? | Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario

  4. Pingback: Javier sigue muriendo… asesinado [35 años de IMPUNIDAD] | Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC)

  5. Cualquiera de los que entonces estudiábamos en la Universidad podríamos haber sido Javier. Nos sentábamos casi a diario en esas escalinatas para charlar o “solearnos”, nos asomábamos desde el hall al campus ….y ese día, con convocatoria de huelga, se impartieron solo las dos primeras horas de clase (entre las 9 y las 11). No hubo asamblea en el hall, ni en el Paraninfo….estaba la cosa calmada, así que me marché sin barruntar lo que estaba a punto de pasar.
    A eso de las 4, cuando regresaba para asistir a una clase particular de italiano, un primo mío me advirtió de la situación. Habían matado a un estudiante. No llegué hasta allí. Consternada,me refugié en casa de una amiga con una extraña sensación que oscilaba entre la incredulidad y la indignación.
    Lo que vino al día siguiente fue un auténtico “toque de queda”. La tergiversación de los hechos,la impunidad y el silencio posteriores,UNA VERGÜENZA.
    Mañana se cumplen 36 años. Nunca he olvidado este aniversario.

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