“El pronunciamiento del 17 y 18 de julio de 1936 fue una sublevación militar dirigida contra el gobierno de la Segunda República Española y cuyo fracaso general condujo a la Guerra Civil Española y, derrotada la República, al establecimiento del régimen franquista, que se mantuvo en el poder en España hasta 1975” (Fuente: Wikipedia)
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Tapando la Historia
Ricardo García Luis
Una de las cosas que más me ha llamado la atención, a lo largo de mis investigaciones sobre los hechos ocurridos durante la guerra civil en Canarias, es la sistemática ocultación que se ha ido haciendo de los lugares que por su significación nunca debieron se demolidos.
Lo vine a descubrir el día que apareció un artículo sobre Un intento de atentado a Franco. En el mismo se hablaba del lugar por donde un grupo de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) tinerfeña intentó entrar en la Comandancia General de Canarias, con la determinación de acabar con la vida del futuro dictador, alrededor del 15 julio de 1936. Como utilizaron una cantina de soldados, en cuyo fondo existía –hasta que se publicó el artículo- una escalerilla estilo barco: hierros adosados a la pared que llevaban a una trampilla que conducía a una azotea desde la cual era muy fácil llegar a la habitación del futuro Generalísimo.
Pues bien, al poco tiempo entró una cuadrilla de albañiles: arrancó la escalerilla, tapió la trampilla, quitó los azulejos blancos y los cambió por otro color. Y ahora, ¿quién se atreve a escribir –si no conoció de antes el lugar- que por allí entraron a intentar matar a Franco?
Reciente, en la presentación de un libro, oí como la sima que se encuentra en las cercanías de Izaña, en el lugar denominado Llano Maja, por donde fueron botados amarrados, traídos en camiones de volquete numerosos presos políticos, tras la intolerable intromisión de algunos aficionados a la espeleología que consiguieron sacar afuera huesos y calaveras –desconociendo su procedencia e identidad-, fue bloqueada su entrada, estrecha, para evitar que fuera violada la intimidad de sus muertos.
Cada vez que paso por la Avenida de los Reyes Católicos, en Santa Cruz de Tenerife, siempre miro hacia el lugar donde se encontraban los famosos salones de Fyffes, la conocida prisión militar Costa Sur, en la que fueron hacinados, en sus tres grandes naves –Caballería Flotante y Guano- miles de canarios de todas las islas. Y uno echa en falta ese edificio de oprobio para que sirviera de recuerdo permanente -¿acaso se han derruido los campos de exterminio nazi?- de los desmanes que se cometieron desde la misma, sobre todo las sacas nocturnas que llevaron a la más indigna y cobarde muerte a tantos valiosos canarios. Uno abogaría porque hubiesen estado en pie y se hubiesen utilizado como archivo provincial –cien archivadores con expedientes de presos políticos, que permanecían en 1985 en la prisión Tenerife 1, servirían para comenzarlo- y exposición permanente de fotografías y documentos relacionados con la cruel represión.
O el Lazareto de Gando, que ha sido prácticamente eliminado, y del que sólo quedan unas miserables ruinas. Allí también se podría haber erigido un buen monumento al martirizado preso isleño: a recordar su palo central, donde llegaron a morir algunos presos condenados inhumanamente.
¿Y qué decir de la Batería del barranco del Hierro, lugar de ejecución de los fusilados en Santa Cruz de Tenerife? Una ampliación de la Refinería tinerfeña ha posibilitado que tan histórico documento vivo de tanta muerte, desaparezca del mapa.
Seguro que dirán que el progreso es el culpable de las demoliciones. No, es la culpabilidad, la mala conciencia, el echar paletadas de tierra a la Historia lo que ha hecho posible estos desafueros interesados.
Lo único que ocurre es que a poco que se use el pico en Canarias nos puede aparecer un muerto: Icod, Arico, Fuencaliente… -por no mencionar sino los más recientes-. Esta tierra canaria está llena de muertos desconocidos.
Fuente: García Luis, Ricardo, El pozo. 55 artículos sobre la Guerra Civil en Canarias (mayo, 1995 – febrero, 1997). Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2008 pp. 11-13 (Este artículo fue publicado originalmente en el periódico Diario de Las Palmas el 23-05-1995).
Creo que Ricardo Garcia Luis es el historiador que , desde hace mucho años, más y mejor han investigado, publicado y reivindicado la memoria de aquellos años que se ha querido, por todos los medios, tapar, oscurecer , …olvidar .
Pero, pese a todo, no olvidamos un día como, hoy hace muchos años, cuando botas infames hollaron los pisos de madera de una modesta casa enTafira Alta y el fusil de la muerte apuntó el cuerpo de una niña de tres añitos .Buscaban al que fuera diputado Eduardo Suárez, hermano de la madre de aquella niñita . La que suscribe .