La “casa” de los estudiantes cambia de manos [El Día 05/05/2012]

Magdalena Rosa Castro y su familia dejan de gestionar el comedor del edificio central de la ULL tras 27 años y después de que un concurso público se resolviera a favor de otra empresa. Descontentas con el trato de la institución, cuentan con el cariño de los estudiantes, que han recogido casi 500 firmas de apoyo.

“Lloré más que en el día de mi boda”. Una de las hijas de Magdalena Rosa Castro explica así lo que sintió hace unos días, cuando los alumnos y profesores que acuden diariamente al comedor central de la Universidad de La Laguna (ULL) se levantaron para tributar a esta familia un homenaje por sus 27 años al frente de estas instalaciones, que han terminado después de que un concurso público convocado por la institución académica adjudicara el servicio a una nueva empresa, que se hará cargo de él a partir de la próxima semana.

El cariño de los usuarios quedó plasmado en la recogida de casi 500 firmas para dejar clara su satisfacción por la calidad del servicio y el trato recibido durante casi tres décadas, además de para lamentar el “cierre repentino” del recinto y la “injusticia” de la que, a su juicio, ha sido víctima esta familia.

Ese día, el último de la actual empresa, los alumnos hicieron salir a Magdalena Rosa y sus hijas de la cocina, les aplaudieron durante cinco minutos y les entregaron un diploma y una carta en reconocimiento a su labor. “Fue muy emocionante”, coinciden.

Y es que, durante este largo tiempo, la responsable del servicio y sus cuatro hijas han sentido que este lugar era su casa, pero también el de los estudiantes y docentes que lo visitaban. “Después del almuerzo pedían un cortado y, como aquí hay wi-fi, se quedaban varias horas haciendo trabajos y no les decíamos nada”, asegura Magdalena Rosa. “Todos nos han apoyado y nadie tiene ni una queja de nosotros. Hemos trabajado lo mejor que hemos podido”, remata.

En cuanto a la actitud de la Universidad, esta familia considera que no ha sido bien tratada. “Si nos tenemos que ir, nos vamos, pero con dignidad y buenas palabras”. Creen, además, que al menos debería haberse esperado hasta el final del curso, al tiempo que lamentan haber conocido la resolución del concurso por algunos usuarios, y no directamente a través de la ULL.

Las afectadas relacionan el concurso con las quejas planteadas por el propietario de la cafetería del edificio central de la Universidad cuando -a petición, aclaran, de la propia comunidad universitaria- empezaron a servir desayunos. Ante el conflicto, afirman, la institución anunció la convocatoria de concursos para ambas instalaciones, aunque el de la cafetería no ha salido aún.

Sobre este asunto, el grupo gobernante puntualiza que este concurso será convocado próximamente, así como el de todos los comedores y cafeterías de la ULL.

Al proceso concurrieron seis empresas, y la de Magdalena Rosa quedó en tercer lugar. La entidad Aramark resultó adjudicataria del servicio. La Universidad precisa que esta empresa propuso un canon de casi 1.750 euros mensuales, frente a los 1.000 de la actual. En los cuatro años de los que consta el contrato -prorrogables a otros cuatro-, está previsto que se ingresen 83.000 euros.

La mesa de contratación, prosigue la institución docente, contó con la presencia de dos endocrinólogos del Hospital Universitario de Canarias (HUC), que validaron las propuestas nutricionales de Aramark, que también se ha comprometido a mantener la lista de precios vigente y, en algún caso, a bajarlos.

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