Federico García Lorca (Asesinado por los fascistas entre Víznar y Alfacar, Granada, 19 de agosto de 1936)

 

CIELO VIVO*

Yo no podré quejarme

si no encontré lo que buscaba.

Cerca de las piedras sin jugo y los insectos vacíos

no veré el duelo del sol con las criaturas en carne viva.

Pero me iré al primer paisaje

de choques, líquidos y rumores

que trasmina a niño recién nacido

y donde toda superficie es evitada,

para entender que lo que busco tendrá su blanco de alegría

cuando yo vuele mezclado con el amor y las arenas.

Allí no llega la escarcha de los ojos apagados

ni el mugido del árbol asesinado por la oruga.

Allí todas las formas guardan entrelazadas

una sola expresión frenética de avance.

No puedes avanzar por los enjambres de corolas

porque el aire disuelve tus dientes de azúcar,

ni puedes acariciar la fugaz hoja del helecho

sin sentir el asombro definitivo del marfil.

Allí bajo las raíces y en la médula del aire,

se comprende la verdad de las cosas equivocadas.

El nadador de níquel que acecha la onda más fina

y el rebaño de vacas nocturnas con rojas patitas de mujer.

Yo no podré quejarme

si no encontré lo que buscaba;

pero me iré al primer paisaje de humedades y latidos

para entender que lo que busco tendrá su blanco de alegría

cuando yo vuele mezclado con el amor y las arenas.

Vuelo fresco de siempre sobre lechos vacíos,

sobre grupos de brisas y barcos encallados.

Tropiezo vacilante por la dura eternidad fija

y amor al fin sin alba. Amor. ¡Amor visible!

*Extraído de Poeta en Nueva York.

 

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