El 221 aniversario de la ULL: puro humo

Fragmento [adaptado] del discurso de AMEC del 17 de diciembre de 2012 [Sesión constituyente del Claustro de la ULL]

221 aniversario

Apocalipsis 221 aniversario de la Universidad de La Laguna

El ataque contra los servicios públicos, el desmantelamiento de la sanidad  y la educación públicas, quiebra los frágiles cimientos de nuestra  universidad. La precariedad que ha  situado, históricamente, a esta institución en el vagón de cola de sistema universitario  español, muestra, ahora, una ULL esquelética, obligada a justificar ante la sociedad y los políticos su propia existencia. La  universidad debe tratar de “convencer” en un escenario político  y social adverso.

No obstante, las primeras y únicas víctimas, de momento, son los  alumnos y alumnas; los mil estudiantes que, según el rector de  esta universidad, no se matricularon en el presente curso académico por la subida de las tasas (ahora sabemos que se trata de al menos de 1154) . A lo que se une la exigencia de nuevos requisitos para la obtención de las becas y los problemas vinculados a su gestión. Todo bien aderezado por el  recorte de servicios que ofrece la institución y el encarecimiento  de muchos otros.

La precariedad inunda todos los aspectos de la vida universitaria,  y la información no termina de fluir, las quejas terminan en la  papelera y se nos amenaza, constantemente, con recortar  nuestra participación en los órganos de decisión. A todo esto, se  une un Servicio de Inspección que ha sido utilizado como mecanismo de control ideológico, una herramienta silenciadora  al servicio del rector. Y en medio del fracaso, la continuidad de  esa reconversión universitaria, el Plan Bolonia. El  desmantelamiento de la universidad pública, justificado por supuestas medidas de modernización de la educación superior. La realidad se resume en menos becas y matrículas más caras.

Ahora nadie lo puede negar, aunque algunos ilusos sigan  aludiendo a revoluciones pedagógicas y otras “machangadas”  por el estilo. Bolonia es la universidad del Capital, Bolonia es la  universidad de la crisis y la desposesión. Hasta el momento, la propaganda institucional y la represión habían conseguido ocultar parte del mensaje crítico que proyectábamos los  estudiantes en relación a la aplicación de determinadas políticas, pero la crudeza de la crisis y el fracaso de la extinción de titulaciones (cientos de alumnos y alumnas perjudicadas) han  puesto sobre el tapete la trama perniciosa de ese proceso de transformación de las universidades públicas.

La crisis se ha convertido para la ULL en una trama folletinesca  de la que se nos va dando cuenta en diversos episodios. Nuevos  recortes que se unen a otros, el fracaso del modelo Doménech  (sin dinero vale lo mismo que nada nuestro querido rector), la  pérdida de financiación del tan mentado Campus de Excelencia, la decadencia y el envejecimiento de las instalaciones  universitarias, el abandono, literal, de algunos de nuestros  campus; pueden darse un paseo por el Campus Central, por la  Facultad de Medicina, Bellas Artes, Educación, el Aulario de  Guajara, la Residencia Universitaria Parque de las Islas y un largo etcétera.

Se consolida un modelo de universidad excluyente. El panorama general que nos encontramos señala el aumento de  las matrículas (en este curso hemos visto como determinadas  asignaturas llegaban a costar hasta 800 euros y matrículas  enteras rozaban los 3000). Un sistema de becas que tiene como objetivo terminar con las becas. Todo ha sido muy bien calculado: primero se montan un discurso sobre el buen uso del  dinero público (el mismo que se ha regalado a los bancos a  manos llenas), luego se cambian los requisitos y, finalmente, se  van extinguiendo los programas de becas. Esto ya ha llegado, el  mitológico estado del bienestar ya no tiene capacidad para reproducir el discurso de la sonrisita a modo de EMOTICONO cachondo. Las mentiras solo flotan un tiempo, luego se hunden  en su propia miseria.

La ULL celebra el NOSECUANTOS cumpleaños de la Fundación Empresa Universidad de La Laguna (FEULL) [y hoy el 221 aniversario de la institución] ¿Qué es lo que se  celebra? ¿el negocio redondo de los cursos de idiomas?, ¿las prácticas basura?, ¿las becas de miseria? La FEULL merece una  fiesta para algunos, unas cuantas fiestas privadas, no negamos  que ha sido un gran invento, al menos algunos podrían hablar de  esa cuestión en sus memorias autobiográficas. Sin duda, un buen  negocio.

Al ritmo de todo esto se nos aproxima, por todas partes, invadiéndonos ideológicamente, como una necesidad necesaria, irremediable, la solución sacrosanta a todos los males del sistema educativo español: “la permanencia”. De la “educación  para toda la vida” se ha pasado al nuevo discurso de “la  permanencia”, el control productivo (improductivo por otra  parte) del proceso educativo. La permanencia no es sino otra vuelta de tuerca en el proceso de control kafkiano del alumno.  Con la permanencia se pretende controlar el ritmo de  “formación” de los estudiantes (formación que se debe leer  como deformación definitiva de su educación). La universidad-fábrica para mayor beneficio de los promotores de mano de obra barata. Todo lo demás: “economía del conocimiento”, empleabilidad, competencias… no es sino pura palabrería.

Hay que mejorar muchas cosas.

Debemos apostar por una universidad solidaria. Una universidad  dispuesta a defender lo público, una universidad que tome la  calle de verdad, con ganas, para decir no a las reformas  educativas y laborales. Debemos mejorar los servicios, con una  gestión eficiente, una gestión con “rostro amable”. Mejorar los  procesos de matrícula, los presenciales y los procesos  telemáticos. Mejorar las infraestructuras y superar, de una vez por todas, las barreras arquitectónicas (a ver si nos dan un  premio por eso). Debemos edificar una universidad participativa,  democrática, sin persecuciones ideológicas, sin expedientes políticos.

Necesitamos una universidad con más salas de estudio, porque los estudiantes queremos estudiar y necesitamos esos espacios,  y los estamos demandando siempre. Queremos una universidad  que se replante los mecanismos que se establecieron para  proceder a la extinción de las antiguas titulaciones. El modelo de  extinción de titulaciones ha hecho mucho daño, debemos ser  conscientes y si se quiere, se puede reconducir la situación para  que no afecte a tanos alumnos y alumnas. Necesitamos una  universidad que no nos deje sin servicios básicos a los alumnos  en medio de ese cierre “patronal” durante las vacaciones  navideñas (medida de alcance estético).

Nuestra universidad puede ofrecer un servicio de alojamiento  más digno, mejorar las infraestructuras de los colegios mayores y  la residencia universitaria. Se debe terminar con el afán  recaudatorio, las paulatinas subidas de precios y el cobro de  servicios que no se dan (el cobro de una habitación que no te  dejan usar durante el periodo navideño, por poner un ejemplo).

Para cambiar hay que mejorar

Para mejorar debemos identificar todos aquellos elementos negativos que afectan a nuestra universidad. Puede que la salida  pase por una revolución de las de verdad. Un cambio en la raíz  reproductiva de la sociedad, pero, por lo pronto, debemos  señalar algunos de los nombres propios que dan rostro al  proceso de liquidación de la Universidad de La Laguna. Son las  personas que, de forma general y particular, con su aportación y  bregar diarios, han contribuido al desmantelamiento de nuestra  universidad. El fracaso de la ULL tiene sus responsables:

Rodrigo Trujillo González, José María Palazón López. Catalina  Ruiz Pérez, Gracia Rodríguez Brito, Justo Roberto Pérez Cruz,  Juan Felipe Pérez Francés, María Nélida Rancel Torres, Hipólito  Marrero Hernández, Miriam Catalina González Afonso, Carlos  Guitián Ayneto, José Miguel Pérez García, José Ignacio Wert  Ortega, Justo Jesús Artiles Sánchez, José Manuel Rodríguez  Calero, Antonio Rodríguez Hernández y, cómo no, el rector de la ULL, Eduardo Doménech Martínez. Don Eduardo es uno de los máximos responsables del deterioro de la Educación Pública en  Canarias (aunque él ni se lo quiera creer, y se sienta algo  pequeño para merecer semejante “título”). Pero como hemos  señalado, la destrucción de la Educación Pública se gesta en una  especie de entorno colaborativo, un marco donde interviene  mucha gente jugando diferentes papeles. Doménech, como  rector del mayor centro de estudios de Canarias, juega su particular y nefasto papel.

Por nuestra parte

Seguiremos en movimiento. Seguiremos luchando por una educación pública y de calidad, seguiremos respondiendo a las  voces de un estudiantado cada día más crítico. Saludamos a los estudiantes de enseñanzas medias y rechazamos la persecución que vienen sufriendo muchos de ellos después de las movilizaciones de  octubre.  Y para quien diga que AMEC es un grupo que no  colabora, tendemos la mano al trabajo conjunto, se la tendemos  a todos los grupos y colectivos de la ULL; eso sí, con una serie de condiciones: ¡No a Bolonia!, ¡No al Reglamento Disciplinario Franquista!, ¡No al Servicio de inspección! y ¡No a Eduardo Doménech Martínez!

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