La LOMCE, o la esencia del capitalismo hecha Ley

LOMCE, son las siglas de la Ley Educativa que prepara el Gobierno de Rajoy en base a lo que ellos entienden que debe ser la Educación de un país. En estos meses son muchas las voces que se han levantado contra esta normativa con muchos argumentos y escenificaciones, aunque de momento no hay muchos indicios de que se pueda parar. En todo lo que se ha dicho, es probable que se haya dicho ya, pero esta ley lo que en verdad encierra y nos trae es la pura esencia del capitalismo, aplicada a los niños desde muy pequeños. ¿Cómo es posible que permitamos esto precisamente ahora, cuando medio mundo comprueba en sus carnes las nefastas consecuencias de dejar al capitalismo desatado en su esencia? Debe ser que esto es España, y ya saben aquello de Spain is different.

 I.- La competencia como dogma.

Así es la LOMCE, donde se trata de adiestrar a los niños en ese valor para ellos  sagrado de la competencia y el premio a los más fuertes, y al tiempo borran de un plumazo cualquier intento de educar en valores universales tales como la justicia, la solidaridad, la igualdad o el postular unos derechos humanos para todos en todo tiempo y lugar, quedando estos valores relegados a los valores particulares que los padres quieran darles a sus hijos según su propia visión del mundo, siendo todo lo demás, para los del PP, adoctrinamiento, y por tanto prohibido, todo menos la religión claro, la suya, para eso no hay problema. Por eso, nada de asignaturas humanistas, quedan relegadas, y nada de premiar el trabajo continuado y la perseverancia que se ven en los alumnos con aquello que se llamaba evaluación continua, ahora lo que se lleva es competir unos alumnos contra otros con reválidas y exámenes finales a cada poco –tres nada menos hasta los 16 años-, al objeto de comprobar quienes son los mejores, sólo unos pocos claro, por aquello de la búsqueda de la excelencia tan propia de nuestro sistema. Y por supuesto, en todas estas reválidas nada de igualdad de oportunidades, pasando a jugar un papel importante la capacidad adquisitiva de cada familia para pagar academias y colegios concertados nada gratuitos, colegios donde es fácil, pensando en el prestigio de cada centro del que luego dependerán las subvenciones, que los directores den órdenes de pasar un poco la mano y subir la notas, cosa que no ocurrirá en los colegios públicos donde el profesor debe ser sobre todo justo con el alumno. Así, ya desde pequeños esas mismas reválidas continuadas –nada equitativas- irán haciendo ver a los niños menos sobresalientes –a menudo también los de las familias más humildes- la no conveniencia de que sigan estudiando, comenzando ya desde pequeños con la selección por clases, por clases sociales, por clases pudientes y menos pudientes.

 II.- Alumnos, sólo “mercancía” para las empresas,

Hablamos de esa forma de pensar instrumental, calculadora y fría que toma a todas las personas por cosas, usándolas cuando son necesarias y desechándolas cuando ya no sirven. Esta razón esencial a nuestro capitalismo hiperespeculativo queda también asegurada con esta nueva Ley por varias vías, la primera ya la hemos visto al hablar de la competencia, con ella los niños se hacen individualistas y competitivos, pasando a tomar a sus compañeros por competidores en una carrera y al fin y a la postre por obstáculos a su realización personal. Y por si con la competencia sólo no basta, ya se encarga también la nueva Ley de asegurar la cuestión al reducir a la mínima expresión las asignaturas con contenidos de carácter ético-humanista, como son la filosofía, la ética, las artes o la historia, en favor de un adiestramiento curricular puramente técnico cada vez más especializado y adaptado siempre a las necesidades del mercado de trabajo. Con estos cambios desaparece cualquier atisbo de educación en un pensamiento crítico-reflexivo, y se aseguran con ello que los alumnos no se cuestionen en su formación sobre lo adecuado o inadecuado de lo que hacen y lo que se mueve a su alrededor. Así, la Educación deja de formar a personas integrales y pasa a formar mano de obra para el mercado, para las empresas, con itinerarios especializados mucho más tempranos (en 3º de la ESO), para la FP si es mano de obra barata o para la Universidad si se trata de personal algo más cualificado, procurando eso sí que los jóvenes de las familias más humildes estén donde le toca estar, esto es, nunca en la Universidad, dado que esta se hará cada vez más prohibitiva a los bolsillos menos pudientes con menos o ningún dinero para becas y una continua premisa de superación y excelencia a la que muchos nunca podrían llegar.

III.- Se acabó el pluralismo y la participación.

Otro rasgo esencial del capitalismo de las últimas décadas es la paulatina desaparición de cualquier vestigio de pluralismo o participación ciudadana en las cosas que importan. Las leyes electorales, el control político de los medios de comunicación y otros mecanismos similares ya se encargan de ello bastante bien, la próxima LOMCE no podía ir a la zaga. En la figura del director de cada centro, un cargo muy importante que ya no será elegido por la comunidad educativa, lo elegirá la Administración de turno, pudiendo así ser éste un gestor o un empresario en lugar de un docente como hasta ahora. Más de lo mismo con el Consejo Escolar, que en adelante tendrá una función meramente consultiva, sin peso en las decisiones que se tomen en el colegio que pasará a ser básicamente del director.

Con la misma intención, la nueva Ley elimina de entre los representantes del Consejo Escolar en la concertada al concejal o representante del Ayuntamiento en cuyo término municipal se halle radicado el centro, algo que la Ley aún vigente establecía, en una muestra más de liberalismo a ultranza que impera en el texto, donde el control público sobra de cualquier manera.

La estocada final al pluralismo se da la Ley en la Universidad, donde únicamente van a quedar ya pronto las carreras que sean demandadas por el mercado de trabajo, luego, olvidémonos de humanidades, de artes y de otras tantas si no hay demanda.

 IV.- Supremacía del sector privado.

Otra cuestión básica del capitalismo desbocado en el que vivimos, arrasar con todo lo que huela a intervencionismo y servicio público para vendérselo a las empresas. Este asunto también queda asegurado con esta nueva Ley desde el instante en el que se crea una agencia nacional de evaluación para fiscalizar los resultados de los centros educativos con diversos rankings en base al “nivel”, y utilizan  para ello indicadores comunes que no tendrán en cuenta detalles importantes, como lo son que un centro está situado a las afueras, o en el campo, o en zonas deprimidas, o que tengan muchos alumnos de clase alta, media o baja, extranjeros o con discapacidad. De este ranking tan poco objetivo dependerá la financiación futura del centro y su cuantía. En esta carrera por la excelencia, y por las subvenciones públicas, no hace falta pensar mucho para saber que la escuela pública ofrecerá los peores resultados, como de hecho viene sucediendo ya desde hace mucho tiempo, al disponer de menos recursos que la escuela concertada doblemente financiada por la Administración y por los padres, y recibir mayoritariamente a alumnos de clases menos pudientes, cuando no extranjeros o niños con especiales dificultades a los que no suelen aceptar en la escuela concertada. No hablamos ya de otros detalles, cómo esa facilidad para inflar las notas de los alumnos de la concertada que no acostumbran en la pública.

Con la misma intención pero de manera más sutil, la nueva Ley cambia algunas palabras en su articulado para que todo bascule hacia la escuela privada-concertada. Así, la Ley aún vigente, la LOE, en su artículo 109 habla de garantizar “plazas públicas suficientes” siempre, en cambio en la LOMCE se suprime del artículo la palabra “públicas” y pasa a decir que se garantizarán “plazas suficientes”, para completar el asunto añadiendo que la oferta de colegios y su clase (públicos o privados), dependerá en adelante de los colegios ya existentes y de la “demanda social”.

¿Qué implica cambiar estas dos o tres palabras? Es fácil, al no obligar ya la Ley a la Administración a garantizar plazas públicas suficientes dejándolo en “plazas suficientes” sin especificar, y completarlo diciendo que se crearán nuevas plazas en función de la “demanda social”, la resultante es clara: las familias, con esa mentalidad egoísta que nos han metido tan adentro, buscarán siempre lo mejor para la educación de sus hijos sin importar las consecuencias, algo que pasará ineludiblemente por rascarse el bolsillo y buscar colegios concertados o privados. Así, en zonas donde haya población con un poder adquisitivo medio o alto, las familias demandarán colegios concertados o privados y eso será lo que Administración proveerá, en cambio, en las zonas donde vivan familias con bajo poder adquisitivo, lógicamente, la demanda será de colegios públicos, y eso será lo que la Administración proveerá. Y así, poco a poco iremos dibujando el mapa educativo de la nueva España que quieren los señores del PP, con una escuela pública de beneficencia con cada vez menos recursos en los barrios pobres, en las zonas rurales, en los guetos y los suburbios de las ciudades donde se asegure que los humildes siguen siendo por siempre humildes, y una escuela privada-concertada a demanda cada vez más selectiva y segregadora donde mandará la empresa, el beneficio y el director de turno y pagarán sobre todo los padres, los que puedan claro, porque de gratuita no tendrá nada.

Y así llegamos al final de nuestro análisis, esperando que lo vean ya más o menos claro. Caminamos hacia el mundo del ¡sálvese quien pueda!, quien tenga dinero para pagar, divididos en esclavos y señores, algo que en España quieren asegurar con la LOMCE desde la primera escuela, para que no haya dudas ni anomalías en el plan de dominación que los señores han trazado.

En este punto, usted, lector, creo que puede hacer varias cosas: i) si tiene mucho o suficiente dinero igual prefiere callarse viendo su futuro lugar entre los señores, aunque, ojo, en esta selva en la que se está convirtiendo nuestro mundo nada le garantiza que no le cambie la suerte y pase a ser de repente esclavo; ii) si no tiene demasiado dinero pero tiene miedo o esta resignado a su suerte, guarde silencio y no haga nada, o mejor acérquese a que le vayan probando ya las cadenas de esclavo; iii) y por último, si no tiene demasiado dinero o aún teniéndolo sí que tiene conciencia de las injusticias y no quiere ser parte de ese mundo de señores y esclavos al que vamos, aún puede rebelarse contra esta norma a la que llaman la LOMCE y contra los que la defienden, ahora que aún nos dejan.

Lo dicho, de usted depende, luego no diga que no le avisamos.

Eloy Cuadra,

portavoz de la Plataforma por la Dignidad.

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