Este “pacto” no es bueno para el alumnado

Sobre el “Pacto por el aprendizaje y el rendimiento académico de la Universidad de La Laguna”.

El Consejo de Gobierno “debatió” hoy el “Pacto por el aprendizaje y el rendimiento académico” del rector, Eduardo Doménech, y la vicerrectora de Alumnado de la ULL, Miriam Catalina González Afonso.

Hace ya un mes, Luis Cobiella, en representación de AMEC, dejó claro que el movimiento estudiantil rechazaba dicho “pacto”. Un “pacto” en el que los alumnos vuelven a perder frente a los intereses del profesorado.

INTERVENCIÓN COMPLETA DE AMEC EN LA SESIÓN CLAUSTRAL DEL 25 DE JUNIO:

El Pacto por el aprendizaje y el rendimiento académico de la Universidad de La Laguna nos parece, en su mayor parte, un nuevo intento de convencernos de las supuestas bondades del Plan Bolonia a través de unas densas, pero incompletas, tablas de resultados, y volviendo a recurrir a manidos conceptos como la “calidad” y la “excelencia”.

DOCU_GRUPO TRÁMITE SOBRE LOS PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO

Luis Cobiella fue claro y rotundo en su intervención (AMEC TV)

Es conocida nuestra postura respecto a la Convergencia Europea, como también es conocido nuestro rechazo al discurso que se esconde detrás de estos conceptos.

No nos sorprende tampoco la insistencia respecto a la eliminación de llamamientos y/o convocatorias propuesta en este “pacto”. Se argumenta que la mayoría de las universidades del Estado ofrecen menos convocatorias y llamamientos. Es precisamente una de las pocas ventajas de las que disfruta la comunidad estudiantil lagunera respecto a otras universidades. Se vuelve a insistir en esta cuestión, a pesar de la negativa expresa del alumnado, que ve como una reducción de convocatorias o llamamientos complicaría, aun más, una adecuada planificación de su calendario de exámenes. Se trata de otra piedra más en un camino que ya es difícilmente transitable, en una universidad que debería preocuparse más por no seguir perdiendo alumnos que por hacerle la vida un poco más fácil al profesorado.

Las guías docentes se definen como un contrato entre el alumnado y el profesor o profesora, pero hemos de señalar que este contrato se suele incumplir por una de las partes, la que define cada guía docente, es decir, el profesorado. No son pocas ni anecdóticas las ocasiones en que esto ha ocurrido, con el consiguiente perjuicio no solo para el alumnado afectado, también para la credibilidad de la institución. Entendemos que la guía docente, al menos en sus capítulos más decisivos, como los sistemas de evaluación y calificación o el temario, deben ser escrupulosamente respetados y cumplidos, ya que representa una de las obligaciones del profesorado. Creemos que se deben poner todos los medios disponibles para garantizar el correcto cumplimiento de la guía docente por parte del profesorado, con las medidas sancionadoras que correspondan en caso de no cumplirse. No nos parece justo que el alumnado sufra las consecuencias de sus equivocaciones y el profesorado no.

Además, respecto a esta cuestión, volvemos a señalar el fracaso del Plan Bolonia, esta vez en lo que concierne a ese modelo de supuesta participación activa en clase, y a los parámetros que definen la evaluación continua. En este sentido, es importante señalar como en no pocas asignaturas de diferentes carreras se sigue recurriendo al modelo de “clases magistrales”, en las que el alumno poco más que se limita a coger apuntes del monólogo del profesor o profesora de turno. Tampoco hemos visto una regeneración o adecuación de las actividades de prácticas, que en muchas ocasiones, como en Historia -por ejemplo-, se limitan a ser una clase teórica más, en la que la participación del alumno se reduce, otra vez, a su asistencia y toma de apuntes.

Nos preguntamos, entonces, ¿cómo es posible hablar de evaluación continua o de la importancia de las prácticas y la participación activa cuando al final la evaluación sigue dependiendo de un examen? Obviamente, el alumnado sufre todos los inconvenientes de la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, pero no ha llegado a conocer aún las supuestas bondades de este Plan de Convergencia Europea.

En relación con lo anterior, no nos parece mal que se proponga mejorar la formación del profesorado en lo que concierne a idiomas y nuevas tecnologías, pero nos parecería mucho mejor que en vez de una propuesta fuera un hecho, puesto que ya llevamos unos cuantos años hablando de lo mismo. En referencia a esto, y a riesgo de redundar, volvemos a insistir en las numerosas obligaciones que se le exigen a la comunidad estudiantil, tales como la utilización de nuevas tecnologías, incluso para formalizar nuestras matrículas, o la obtención de un nivel B1 de idiomas. Creemos que es necesario, justo y beneficioso, que el profesorado se actualice en estas cuestiones, ya que supondrá, sin duda, una mejora en la actividad docente.

En este documento no se abordan los problemas reales que viene padeciendo el alumnado, se utiliza el eufemismo de “pacto por el aprendizaje”, pero no se concreta nada sobre las becas o las tasas académicas (cuestiones estas que afectan también al aprendizaje). No se consigue superar la imagen del alumno como sujeto ideal moldeable, y no se enfrentan las asimetrías que caracterizan a un colectivo tan amplio y complejo. No se nos ofrecen soluciones a la diferencia, solo marcadores estrechos, verborrea teórica al servicio de una universidad opaca, una universidad incapaz de ver y de sentir.

La ULL no ha tenido la suficiente sensibilidad en el trato con sus estudiantes, la “normativa de progreso y permanencia”; el modelo de extinción de titulaciones, que pudo ser diferente; la falta de verdaderos mecanismos que garanticen la apropiada canalización y resolución de las quejas e impugnaciones a las que se ve abocado muchas veces el estudiante. Y, sobre todo, no se dice nada de algo muy importante para el aprendizaje, el respeto y la dignidad del alumno y de la alumna. Se deben establecer códigos deontológicos de conducta para que el profesor o profesora no dañe el proceso de aprendizaje al proyectar sus particulares  patologías y fatal comportamiento sobre un alumnado que, inevitablemente, se ve superado por el desequilibrio que provoca un pretendido prestigio y una autoridad mal entendida; prestigio y autoridad que no tienen su referencia en el conocimiento, sino que se vinculan a los más trasnochados y decadentes subterfugios que se pueden utilizar para mantener el poder y la dominación.

Para que quede claro: AMEC rechaza el “Pacto por el aprendizaje y el rendimiento académico”.

 

En el siguiente enlace pueden ver el Pacto por el aprendizaje y el rendimiento académico de la Universidad de La Laguna

 

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Un pensamiento en “Este “pacto” no es bueno para el alumnado

  1. Pingback: Los universitarios de las Islas están entre los que más abandonan sus titulaciones (Informe de la CYD) | Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC)

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