Claustro [18 de abril] intervención de AMEC sobre la Fundación Empresa

Hay un concepto que llevamos manejando desde hace varios años a la hora de referirnos a la Fundación Empresa. Se trata de un concepto político, y que tiene todo el alcance y trascendencia de lo político, es decir, señala aspectos económicos, administrativos y de gestión. Ese concepto es “Universidad-B”.

La Fundación es en esencia una Universidad-B. Una forma eficaz de transforma lo público en privado, lo que -hasta cierto punto- es transparente, se convierte en algo opaco.

La Universidad-B funciona como ese hermano siamés malvado que termina por devorar a su hermanito “bueno”. La Universidad-B canibaliza la Universidad pública. La Fundación sirve para privatizar recursos y gestiones, y ofrecer servicios universitarios que quedan fuera de las posibilidades de fiscalización y del rendimiento de cuentas real.

Cristian Sima intervino en nombre de AMEC.

Este informe que se nos presenta hoy, aquí, no significa gran cosa. Aunque eso no quiere decir que su lectura no se útil para preguntarse ¿Por qué la Fundación ofrece cosas que la ULL no podría ni soñar ofrecer? ¿Qué dificultades de gestión sufre la ULL que le impiden ofrecer servicios que han sido privatizados de facto por la Fundación?

La opinión del profesorado sobre la Fundación es buena. No lo dudamos. Nuca hemos notado una crítica comprometida con respecto a la Fundación por parte del profesorado de la ULL, y es algo que no nos sorprende. Lo que si nos llama la atención es esa agilidad de gestión y capacidad de movimientos que tienen algunos profesores cuando se mueven en sus cosas de la Fundación (sus títulos propios, cursos, etc.), y, como -por el contrario- cuando el movimiento se debe realizar en la Universidad-A, la cosa se ralentiza.

Por nuestra parte, rechazamos este modelo de gestión universitaria. Rechazamos que la Universidad pública se convierta en alimento de entramados de fiscalización imposible.

De la misma forma, los criterios empresariales y los discursos que hablan de los logros de los emprendedores, de la innovación y de la competitividad, permanecen lejos de los criterios que nosotras tenemos a la hora de valorar el éxito, puesto que lo entendemos como algo social, comunitario y colaborativo, y nos situamos a gran distancia de los marcadores que manejan los índices de éxito o fracaso conectados con el mercado, y centrados en la capitalización.

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