Sesión del Claustro (23/XI/2017): Intervención de AMEC en el punto dedicado a discutir el Anteproyecto de Presupuesto de la ULL para el año 2018

La primera pregunta que debería hacer cualquier persona mínimamente responsable cuando se enfrenta a este anteproyecto presupuestario sería: ¿para quiénes son estos Presupuestos? Esa pregunta -creemos en AMEC- es muy fácil de responder. Al menos, sabemos para quienes no son estos presupuestos. Sabemos cómo han sido pensados, y, por tanto, alcanzamos a discernir lo que se queda fuera del “espíritu” de este documento. Este documento, anteproyecto presupuestario, no ha sido pensado teniendo en cuenta a los estudiantes ni a los trabajadores de esta casa. De forma genérica, el Anteproyecto no tiene en cuenta las necesidades de esta institución universitaria. Porque en el documento se ignora la enorme y profunda crisis que enfrenta el sistema universitario.

El Anteproyecto, aparentemente, cumple con una serie de directrices que han sido señaladas esquemáticamente. Aparentemente cumple con los requisitos legales para ser un documento solvente y formalmente apto para una institución de este tamaño. Eso es así. Aunque, les recordamos que hay una enorme distancia entre lo formal y lo apropiado. Este anteproyecto no es el que necesita esta casa. Formalmente cumple con todos los requisitos: está bien paginado, por poner un ejemplo.

La realidad: el documento presupuestario que se ofrece hoy aquí a este solemne Claustro de la ULL, ese que casi no se reúne nunca, no es un documento solvente. El texto -siendo legítimo- profundiza aún más en la enorme crisis estructural que sufre el sistema universitario público y que nos encamina hacia el abismo.

En la Universidad de La Laguna se predica la innovación, pero nunca se innova. En la ULL se muestran incapaces de afrontar un verdadero cambio de paradigma. No existe una visión clara de lo que debe ser un centro de estudios universitarios, ni de lo que debe ofrecer a sus estudiantes y, por responsabilidad, de lo que debe ofrecer a la sociedad donde se asienta; la sociedad a la que tiene que adelantar progresivamente y a la que tiene que ayudar, abriendo trocha, haciendo camino. La Universidad debe ser ese faro en la distancia que señala los peligros y al mismo tiempo nos permite seguir el rumbo seguro que nos lleve a diferentes puertos, que nos permita nuevos logros y abra la expectativa de encontrar mundos posibles que superen, al menos si pensamos en Canarias, la desidia, el abandono y esa deriva social que caracterizan al Archipiélago.

No hay que hacer un esfuerzo terrible para entender lo que está pasando en la ULL. El colapso del modelo público de enseñanza superior es inminente. Siendo precisos: es algo que ya está pasando. Aunque para ver las consecuencias más terribles tendremos que esperar algunos años más, puesto que estamos dentro del remolino y vernos desde fuera requiere un esfuerzo predictivo que no interesa demasiado. No debemos olvidar que el sistema, cualquier sistema, se alimenta de la inercia, de ese repetir -una y otra vez- lo que creemos que nos funciona.

Señores y señoras claustrales:

La principal característica de este documento presupuestario es su oscuridad. No solo se trata del formalismo de un documento especializado. La oscuridad rodea todo lo que tiene que ver con este documento, desde su gestación hasta el mismo proceso de exposición -o no exposición- ante los órganos competentes y la comunidad universitaria.

En la primera parte del documento, observamos como algunas tarifas son exorbitantes. No deja de sorprender que el alquiler del Paraninfo para las orlas de su propio alumnado sea más del 50% del precio a eventos externos. Además, volvemos a dejar constancia, por nuestra parte, de que no apostamos por los másteres propios, ya que por su coste no benefician al alumnado (12.000€ por un máster en economía, por poner ejemplo), y luego estaría el tema de la calidad de dicho máster.

Por otra parte, las ayudadas al estudiantado permanecen prácticamente iguales. No se hace un esfuerzo por aumentar dichas ayudas; necesarias en un momento en el que muchos estudiantes deciden abandonar sus estudios por no solo no poder pagar unas tasas, sino por no poder desarrollar de una forma digna -normal- sus estudios. Las carencias del día a día no ayudan precisamente al estudio. No se tiene en cuenta que el estudiante necesita destinar gran parte de su tiempo al estudio, entregarlo a una actividad que demanda una serie de recursos. La mayoría de las veces elegir entre estudiar y trabajar se convierte en una elección excluyente: o se estudia, o se trabaja. Elección que también afecta a aquellos estudiantes que tienen derecho a recibir una beca o ayuda al estudio, dado que el dinero de las becas y ayudas no llega directamente al bolsillo de los estudiantes.

De esta forma, nos sorprende como se multiplica por tres el presupuesto destinado a “dietas” si lo ponemos en relación con el destinado a bonos de comedor. Así, tampoco dejan de ser escandalosos los 30.000 euros de media que se destinan a la compra de material de oficina en los departamentos. ¿No estaremos comprando demasiado material de oficina en los departamentos?

Si bien no podemos hablar con certeza del aumento o disminución de los respectivos temas, ya que incluso en esto hay una oscuridad extrema. Así, nos encontramos con

“Esta reducción en el capítulo de gastos se visibiliza como consecuencia de la reasignación de partidas presupuestarias que costean los contratos predoctorales (actualmente no son becas), que se registrarán a partir de 2018 en el Capítulo VI, gastos vinculados a la investigación, por tanto, si eliminamos en términos absolutos esta adecuación presupuestaria el esfuerzo económico destinado a acciones que se han venido registrando en el Capítulo IV se incrementa.”

¿En cuánto aumenta? ¿Un 0.1%? ¿Un 10%?

Si ahora pasamos a hablar de la Fundación General de la ULL, una vez más nos encontramos con contradicciones que nos hacen confirmar que es la auténtica y genuina Universidad B de la ULL, destinada a beneficiar a unos pocos. Así, mientras los ingresos totales disminuyen, las contrataciones de personal externo aumentan.

Sobre la pérdida de estudiantes tendríamos algunas cosas que decir. Mientras que en el periodo de 2012-2016 la ULL perdió casi 4000 estudiantes, los sueldos y complementos no han parado de subir (21413 a 17604). Así, en 2016, tenemos que solo en complementos salariales la ULL gasta aproximadamente 30 millones (esto es muy aproximado, no hemos tenido en cuenta los trienios ni al PAS, solo complementos), frente a los 2 millones que destina a todas las ayudas al alumnado. Es decir, una décima parte de lo que se destina a “agasajar” al profesorado se destina a suplir las necesidades del estudiantado. Sin embargo, la realidad es que la ULL sigue perdiendo estudiantes año tras año.

Además, también nos preocupa a quiénes van destinado estos complementos. ¿Cuántas personas los reciben? ¿Cuántos complementos reciben? ¿Quién decide que complementos se llevan?

Otro tema que nos preocupa es la cantidad de dinero que se gasta en aplicaciones de software privativo, escandalosamente superior a la destinada al apoyo al software libre.

En lo que se refiere al escabroso tema de las infraestructuras. Desde AMEC, esperamos que ya que han recibido una partida presupuestaria mayor para acometer reformas, las veamos y la ULL deje de ser un lugar en el que al alumnado le caigan trozos de techo o se moje a causa de las goteras. Y esperamos que esto se haga en el tiempo oportuno para no causar perjuicios al estudiantado. Lo de las obras en varias bibliotecas de la ULL -obras que se realizan en un periodo muy delicado para el estudiantado y que han supuesto el cierre de las mismas- no tiene justificación alguna. No es de recibo, no es normal.  También esperamos que en el 2018 por fin podamos ver las tan esperadas reformas en las residencias y colegios mayores que tanto tiempo se llevan exigiendo. Asimismo, insistimos, queremos una Universidad que cuente con unas instalaciones seguras y en las mejores condiciones, accesible para todos y todas.

A lo anterior podríamos añadir algo que consideramos de suma importancia a la hora de constar con una Universidad para todos y todas. No podemos permitir que alguien deje de estudiar por falta de un intérprete de signos o porque no contamos con instalaciones adaptadas y personal especializado para poder ofrecer una Universidad que no excluya a nadie.

Queda claro que rechazamos y pedimos la retirada de este Anteproyecto de Presupuesto de la ULL para el año 2018. Esta vez no vamos a traer infinidad de propuestas de resolución que terminan sirviendo para muy poco. Para la Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC) este documento presupuestario no ofrece nada nuevo y no se centra en las verdaderas necesidades de una Universidad que no es que se encuentre predestinada a asumir nuevos retos y grandes transformaciones, sino que para poder garantizar su propia supervivencia debe aceptar que nos desenvolvemos en los márgenes de un modelo agotado desde hace décadas. Este documento presupuestario solo tiene sentido si lo que se pretende es seguir obedeciendo una dinámica liberalizadora -léase privatizadora y excluyente- que domina y desmantela el viejo modelo universitario; modelo que -sin dejar de ser excluyente y autoritario- permitió, en virtud de ciertas contingencias históricas, el acceso a los estudios superiores de un alumnado vinculado a los sectores subalternos de la sociedad.

Teniendo en cuenta que el continuismo no es la solución, y el inflado de partidas presupuestarias, a modo de viejo truco taumatúrgico, no permite afrontar un futuro incierto, proponemos un cambio radical en virtud de una visión diferente de las directrices presupuestarias, como hemos venido señalando desde nuestra irrupción en el Claustro de la Universidad de La Laguna; apostamos por una Universidad que sea consciente de los problemas de su entorno, y, más aún, de los problemas de sus estudiantes. Una Universidad que pueda responder a las siguientes preguntas ¿por qué el abandono de los estudios?, ¿por qué el fracaso escolar? Hasta ahora, la ULL no había abordado un auténtico programa de choque para poder ofrecer otro tipo de “calidad”: ser capaz de mitigar realmente los impedimentos estructurales que provocan que cientos de estudiantes abandonen sus estudios cada año y, además, miles de jóvenes canarios no lleguen a poder cursar estudios universitarios. Por estas razones, consideramos fundamentales que el anteproyecto presupuestario tenga en cuenta la necesidad de abordar las siguientes líneas de actuación:

– Ningún estudiante canario o de cualquier otro ámbito geográfico que vaya a estudiar en la ULL se puede quedar fuera por motivos socio-económicos.

– Demandamos un Plan de choque contra el abandono de estudios universitarios por motivos de carencias estructurales (hacen falta más becas y ayudas).

– Demandamos un Plan de alojamiento integral que priorice a los colegios mayores y residencias universitarias como forma de convivencia colectiva con carácter asistencial y solidario. Al tiempo que se exploran nuevas alternativas de alojamiento estudiantil alejadas del modelo especulador que impera en la actualidad.

– Demandamos un Plan de bono de comedor universal para estudiantes con umbrales de renta mínima fijada por el MEC y la Consejería de Educación.

Y finalmente:

– Demandamos un Plan de “Renta Básica”: La articulación de un convenio entre el Gobierno del Estado Español, MEC, Gobierno de Canarias, Consejería de Educación, Cabildos, Ayuntamientos y Universidad de La Laguna para la creación de una Renta Básica que elimine la precarización de las condiciones de vida de la juventud en Canarias.

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