Por un “cambio de turno” racional

Le hemos escrito al Rector de la ULL para solicitarle una nueva “Instrucción General” sobre el cambio de turno.

Desde AMEC, consideramos que las rígidas “instrucciones” sobre el cambio de turno en las distintas facultades están generando un enorme malestar entre el alumnado. En principio, dichas normativas emanan desde las diferentes juntas de facultad, por lo que no cabe sino el mayor respeto a las decisiones que se toman en cada centro. Aunque, por otro lado, sería interesante contar con un criterio común, que permitiera una mayor flexibilidad a los estudiantes a la hora de elegir turno y, en muchos casos, profesor (un ejemplo de esto, es la situación que viven los alumnos de Derecho a raíz de la nueva “Instrucción sobre asignación y cambio de turno”, que les ha causado un enorme perjuicio). Así mismo, consideramos que se debe tener en cuenta el lugar de residencia del alumno como causa prioritaria a la hora de autorizar el cambio de turno, puesto que muchos alumnos emplean gran parte de su tiempo en trasladarse desde su lugar de residencia y viceversa, alumnos que viven en otros municipios o en zonas alejadas de los grandes circuitos del transporte insular; en este sentido, no sólo se debe tener en cuenta la distancia, sino el tiempo que se tarda en hacer los recorridos y los medios de transporte que pueden ser usados por los estudiantes.

Este escrito lo registramos en el rectorado el pasado 26 de agosto, aún no hemos recibido ningún tipo de respuesta.Entradas relacionadas: Rechazamos la “Instrucción sobre asignación y cambio de turno” de la Facultad de Derecho

La crisis golpea con fuerza: “El Ejecutivo admite que Educación sufrirá recortes debido a los ajustes”

“El mayor ajuste económico de la historia de la comunidad autónoma canaria, en torno a los 1000 millones (…)” (La Opinión de Tenerife) 

 

La política de recortes se refuerza. La crisis y los políticos en crisis nos dan una nueva sacudida. En Canarias no se ve luz al final del túnel, estos días de calor sofocante se han convertido en la metáfora ideal  de la política de “tierra quemada” promovida por el Gobierno de Canarias. La decadencia invade las instituciones públicas y se adueña de todos los rincones. Enseñantes Asamblearios (EA-Canarias) adelantó ya una contundente crítica hacia los juegos malabares del presidente Rivero:

“El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, aseguraba ayer ante los medios de comunicación, que las partidas de Educación no sufrirán recortes el próximo año. La realidad no parece confirmar que vaya a ser así, pues a estas fechas hay aprobadas por parte de la Consejería de Educación toda una serie de recortes que repercutirán en gran medida en la calidad de la educación”. (Ver:  Las declaraciones de Rivero respecto a no reducir partidas educativas para el próximo curso no parecen corresponderse con los hechos [EA-CANARIAS])

Presagiamos una “nueva Era” en la política canaria; un tiempo caracterizado por la consumación de la campaña de desprestigio en contra de todo aquello que haga referencia a “Lo Público”. Los medios de comunicación del oficialismo están preparando su ofensiva para convertir a las víctimas (la ciudadanía en general) en los responsables de todos los males; especialmente, se demonizará a los militantes sociales. Las organizaciones, grupos y personas que han denunciado la infamia a lo largo de estos años sufrirán el mayor de los ataques, sin parangón en los últimos 25 ó 30 años. Al tiempo, la corrupción invadirá todas las esferas de la administración. Si bien las prácticas corruptas han estado siempre presentes en la Administración Pública, ahora podremos hablar de auténtico saqueo, una razzia en toda regla.

La Opinión de Tenerife:

Para una lectura más cómoda (pdf)

Detalles de una noticia:

 

 

 

 

Las declaraciones de Rivero respecto a no reducir partidas educativas para el próximo curso no parecen corresponderse con los hechos [EA-CANARIAS]

El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, aseguraba ayer ante los medios de comunicación, que las partidas de Educación no sufrirán recortes el próximo año. La realidad no parece confirmar que vaya a ser así, pues a estas fechas hay aprobadas por parte de la Consejería de Educación toda una serie de recortes que repercutirán en gran medida en la calidad de la educación.

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La universidad privada tiene que abrir antes de cinco años “por ley” [Diario de Avisos 20/08/10]

 

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Detalles de una noticia:

El Parlamento canario permite a la universidad privada clonar titulaciones arraigadas en la ULL.

Ninguna universidad española entre las 200 mejores [El País 20/08/10]

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AMEC con el circuito universitario [le hemos vuelto a escribir al Rector para pedirle que no reduzca la frecuencia y el número de guaguas]

Seguimos luchando por que no se elimine o se reduzca el circuito universitario de transporte. No cederemos en la defensa de un transporta universitario, un transporte que conecte los campus y centros de la ULL. En este sentido, nuestro criterio y nuestro trabajo en defensa de este medio de transporte ha quedado patente desde que nació AMEC; el 15 de octubre de 2009, escribíamos:

“A lo largo de los tres años de existencia de la Asamblea del Movimiento Estudiantil Canario (AMEC), hemos sido el único grupo claustral que ha defendido de forma constante la existencia y la promoción del circuito universitario de transporte entre los distintos campus de nuestra Universidad. Frente al escaso interés mostrado por los otros colectivos estudiantiles y el deseo de algunos profesores y miembros del PAS de cancelar el circuito universitario, AMEC ha mantenido una defensa clara de una alternativa de transporte cómoda, eficaz y barata(…).”

Ver post: En defensa del circuito universitario

Así mismo, el 20 de mayo de 2010, volvíamos a denunciar los intentos de reducir la frecuencia horaria y el número de guaguas, haciendo hincapié en el escaso interés en una promoción adecuada del servicio:

“Aunque la crisis debería haber impulsado este modelo de transporte (20 céntimos por viaje), parece que por parte de la compañía de guaguas existe la intención de acabar con dicho servicio, que permite a los estudiantes trasladarse con un costo menor en unos momentos en los que los precios, ya de por sí abusivos, del viaje en guagua o tranvía no hacen sino aumentar.

En estos últimos años, lejos de haber modificado los horarios, tal y como habíamos pedido desde AMEC, adaptándolos a las necesidades del estudiantado, que es quien hace uso de ese servicio, TITSA mantuvo los mismos horarios de hace muchos años, los cuales respondían a las necesidades y horarios académicos de esos momentos, pero que no debían de haberse mantenido anquilosados. La dirección de TITSA argumenta el poco uso y la consiguiente poca rentabilidad de este servicio como justificación de la reducción del mismo, sin embargo la propia dirección de TITSA es corresponsable de ese poco uso, y decimos corresponsable porque también la Universidad de La Laguna tiene su parte de responsabilidad en este asunto. Y es que, ni desde un lado ni desde el otro, ha habido el menor interés en promocionar el circuito universitario, de modo que la mayoría del estudiantado desconoce incluso la existencia del mismo”.

Por eso, sin dejar que se nos silenciara, señalamos a los responsables y a los que colaboran en el debilitamiento de un servicio universitario “histórico” (una conquista histórica del estudiantado):

(…) desde que determinados sectores de la “Comunidad Universitaria” pretendieron liquidar el circuito universitario, AMEC, por medio de sus representantes en Consejo de Gobierno, hizo varias propuestas para intentar paliar el problema del insuficiente uso del transporte universitario (Consejo de Gobierno del día 6 de octubre de 2009). Las propuestas presentadas fueron las siguientes:

  1. Renovar la frecuencia del circuito universitario, amoldándolo al horario de clases de los estudiantes.
  2. Ampliar el circuito hasta la Facultad de Bellas Artes.
  3. Fomentar también dicho transporte entre el profesorado que se mueve entre facultades para dar clase.
  4. Señalizar de forma adecuada las paradas del circuito universitario.
  5. Realizar una campaña de divulgación del servicio en toda la “Comunidad Universitaria”.

Así mismo, AMEC se comprometía a presentar varias propuestas de horario para el circuito universitario. Dichas propuestas y las medidas que recomendábamos a la ULL para una mejor  promoción del servicio fueron presentadas en el  registro del Rectorado de la ULL el 25 de enero, incluyéndose entre nuestras pretensiones la realización de una encuesta entre los alumnos de la ULL. Desgraciadamente, en relación con este asunto, la Universidad no manifestó ningún interés hasta hace un par de semanas, cuando la Vicerrectora de Alumnado comunicó a nuestros representantes en el Consejo de Gobierno que nuestras propuestas no se iban a tener en cuenta. Para la Universidad, la reducción del servicio es la única alternativa.

Ver post: TISTA y la ULL, responsables de que se reduzca la frecuencia de las guaguas del circuito universitario

Pero como decíamos al principio, no dejaremos de trabajar en la defensa de este servicio; por eso, una vez más, le hemos escrito al Sr. Rector:

“(… )le solicitamos que no se reduzca la frecuencia y el número de guaguas del sistema de transporte universitario conocido como “Circuito Universitario”. A lo largo del presente curso, se ha especulado con la posibilidad de reducir este servicio. Nosotros consideramos que la disminución del número de usuarios que ha experimentado el “Circuito Universitario” se debe a la escasa promoción de esta alternativa de transporte entre los miembros de la Comunidad Universitaria. En este sentido, SOLICITAMOS [centramos nuestra propuesta en tres medidas fundamentales]:

1º. Una adecuada promoción de dicho servicio en la Comunidad Universitaria.

2º. La adecuada señalización de las paradas del “Circuito” a lo largo de todo el recorrido.

3º. La modificación parcial de los horarios.   

Escrito registrado el 17 de agosto de 2010

Escrito registrado el 17 de agosto de 2010

Otros post sobre el circuito universitario:

Circuito universitario

Horarios: https://amec.files.wordpress.com/2008/10/pegatina_circuito.pdf

Mitos de la “nueva economía”

En este fragmento de Alex  Callinicos*, publicado en español en 2002, se resume, en esencia, buena parte del discurso de la denominada “Economía del conocimiento”**. Callinicos nos descubre las contradicciones de uno de los principales argumentos que sustentan la “tercera vía”***:

“(…) a la manera clásica de la “tercera vía”, podemos tener el pastel y comerlo –fusionar el dinamismo capitalista aplaudido por la nueva derecha con la justicia social  que buscaba la vieja izquierda”.

Por otra parte, la noción de “Economía del conocimiento” justifica, ideológicamente, la Convergencia Europea [el plan Bolonia], es decir, la liberalización [privatización] de la Educación y, por extensión, la de todo el sector público. Como podemos apreciar, los teóricos de la socialdemocracia tardía han distorsionado el discurso de “lo público”, proyectando una imagen negativa de todo aquello que haga referencia al “espacio público” para propiciar el debilitamiento de los argumentos contrarios a los procesos privatizadores:

“Espera ansioso que el régimen tributario moderno se atrofie y que el acceso de los individuos a la seguridad social dependa de la elección de sus inversiones. Por lo tanto, para el sector público en general, el futuro supondrá mayores privatizaciones”.

 

*Alex Callinicos: http://en.wikipedia.org/wiki/Alex_Callinicos

**Economía del Conocimiento: http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_del_conocimiento

***Tercera vía: http://es.wikipedia.org/wiki/Tercera_v%C3%ADa

***

Mitos de la “nueva economía”:

Las empresas que hoy tienen éxito son aquellas que pueden hacerse con una marca popular, y de manera creciente la creación de marcas depende no de la asociación con un producto en particular, sino de saber interceptar las fuentes del nuevo conocimiento generado por una sociedad cada vez más y más basada en la ciencia. Las que mejor se adaptan a esta tarea no son las gigantescas corporaciones multinacionales, sino compañías más pequeñas, más libres, casas más emprendedoras, con estructuras informales, no-burocráticas, que maximizan la creatividad y que se eslabonan en redes descentralizadas. De este modo, el nuevo “capitalismo del conocimiento” trae consigo no tanto una concentración del poder económico como una dispersión. Así, a la manera clásica de la “tercera vía”, podemos tener el pastel y comerlo –fusionar el dinamismo capitalista aplaudido por la nueva derecha con la justicia social  que buscaba la vieja izquierda.

Este discurso cuenta con algunas elisiones. Éstas implican, fundamentalmente, la identificación de la creatividad y el espíritu empresarial. Entre los sermones de Leadbeater están las historias de la gente que ha sido capaz de ofrecer mejoras reales a unas clases trabajadoras debilitadas. Esas personas, sin duda admirables, se describen como “empresarios sociales” y poseen, esencialmente, las mismas habilidades que se necesitan para obtener beneficios en el mundo de los negocios. De esta forma, se da un aire humanitario a los negocios privados mientras que, al mismo tiempo, se ofrece un modelo de libre empresa como respuesta a la pobreza y a la desigualdad. Entretanto, tal y como insiste de forma implacable Leadbeater, la misma expresión “capitalismo del conocimiento” sugiere que la innovación científica es propiedad exclusiva del sector privado. El problema es que, como a veces está obligado a reconocer, esto es totalmente falso; la investigación científica que subyace al cambio tecnológico que alaba de forma tan ansiosa es, en buena parte, un producto del sector público: “Esta explosión de conocimiento científico fue posible gracias a la enorme inversión del Estado en investigación, especialmente entre las dos guerras mundiales y la guerra fría”.

Internet es un ejemplo de ello: la creación del DARDA, la agencia de investigación del Pentágono. Como dice Castells, “el iniciador de la revolución informática, tanto en América como en el resto del mundo, fue el Estado y no un empresario innovador en su garaje”. En efecto, el tipo de empresariado del conocimiento que tanto admira Leadbeater a menudo parece implicar el saqueo de la investigación fundamental realizada a cuenta del capital público para provecho de avariciosos y ambiciosos individuos privados. Y acepta esto cuando en una reveladora metáfora afirma: “Las universidades deberían ser minas a cielo abierto de la economía del conocimiento”. De este modo, el nuevo “poscapitalismo” resulta ser algo parecido a un parásito que obtiene las ideas a costa de la investigación financiada públicamente. No es extraño que Leadbeater no pueda decir nada coherente o interesante sobre una de las más serias amenazas para todo el proceso de la investigación científica: el visto bueno del gobierno de Estados Unidos y de la Unión Europea para que las empresas patenten genes. Un capitalismo tan voraz que se esfuerza por consumir no sólo el mundo sino también aquellas propiedades abstractas de la naturaleza puestas de manifiesto popr la investigación científica, a duras penas juega algún papel en su acogedor retrato del futuro.

Leadbeater no ignora por completo las desventajas. Reconoce que incluso su amado Silicon Valley “tiene una cultura cívica débil y […] es una sociedad sumamente desigual”. De hecho llega a admitir que “me doy perfecta cuenta de que la inseguridad y la desigualdad profundas y crónicas generadas por esta etapa de la globalización son el principal problema para la mayoría de la gente, y que las medidas que se proponen en este libro para tratar de resolver la creciente desigualdad no van lo suficientemente lejos”. Puede repetirlo: Leadbeater sostiene que “debemos innovar e incluir”, pero el sentido general de sus propuestas para la política pública es reforzar aún más los procesos que tanto han aumentado las diferencias sociales a lo largo de las dos últimas décadas. Espera ansioso que el régimen tributario moderno se atrofie y que el acceso de los individuos a la seguridad social dependa de la elección de sus inversiones. Por lo tanto, para el sector público en general, el futuro supondrá mayores privatizaciones. De las escuelas, por ejemplo, deberían hacerse cargo “nuevos tipos de intermediarios, democráticamente responsables, […] asociaciones creadas por las escuelas, servicios dirigidos por organizaciones benéficas y compañías privadas”, aunque Leadbeater no se molesta en explicar cómo las organizaciones benéficas o las compañías privadas podrían asumir esta responsabilidad.

Su superficial argumento muestra una asombrosa falta de sensibilidad para con las diferencias reales en el acceso de los individuos a los recursos y, por consiguiente, en las oportunidades que la vida ofrece. Considérese, por ejemplo, el siguiente párrafo: “La mayoría de nosotros nos ganamos la vida ofreciendo un servicio, un juicio, una información o un análisis tanto desde una centralita telefónica, el despacho de un abogado, un departamento de gobierno o un laboratorio científico”. Con total seguridad, en las economías avanzadas, la mayoría de nosotros producimos un servicio. Pero lo hacemos bajo condiciones radicalmente distintas. El operador de un centro de llamadas que realiza un trabajo semiautomático, mal pagado y altamente supervisado (el mismo Leadbeater describe las centralitas como las “fábricas” de la “economía de servicio moderna”) vive en un mundo diferente al de, pongamos por caso, el jefe del departamento de investigación de un banco de inversiones de Wall Street, cuya duda es si su próxima bonificación será de cuatro o de cinco millones de dólares. Sin embargo, los dos son trabajadores del sector de los servicios. La categoría no es que sea de mucha utilidad analítica porque no registra las diferencias en lo que Marx llamó las relaciones de producción –la gran disparidad entre los ingresos del operador del centro de llamadas y los del trabajador de la banca de inversiones refleja su distinta posición en la estructura del poder económico tanto en el trabajo como en el mercado laboral.

 

Referencia:

Callinicos, A. Contra la tercera vía. Una crítica anticapitalista. Crítica, Barcelona, 2002 pp. 44-48

 

 

 

José Luis Pardo: ´Hay un desmantelamiento de la Universidad disfrazado de revolución pedagógica´

“Quienes gobiernan la cultura impresa intentan disimular sus fracasos con el anuncio de la revolución digital, pero la verdad es que el aprendizaje no será más fácil con artilugios digitales”

ANDRÉS MONTES | La Opinión de La Coruña. José Luis Pardo (Madrid, 1954) cumple con el cometido clásico del filósofo y tritura con eficacia el discurso dominante. Por eso en el X Seminario europeo sobre empleo celebrado días atrás alertó del desmantelamiento de la Universidad y de su sustitución por un sistema de formación superior a merced en exclusiva del mercado laboral. Catedrático de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, avisa también del espejismo del cambio de era y de nuestra imposible transformación en seres reciclables de continuo, tal como parece exigir el sistema productivo. En 2005 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo con La regla del juego. La dificultad de aprender filosofía y ahora recopila sus trabajos de los últimos años en Nunca la basura fue tan hermosa.

 

-Usted es contrario a las recetas más comunes sobre la enseñanza universitaria y defiende la autonomía del saber frente a quienes tienen una visión más instrumental de la formación, orientada al ámbito laboral y a las necesidades del mercado.

 

-Yo creo que es al revés, es decir, creo que son ellos, los que orientan la formación superior al ámbito laboral, quienes se han salido de las recetas comunes. Desde que la Ilustración inventó la Universidad y la escuela pública, éstas han sido lugares donde, por así decirlo, los niños y los jóvenes se mantenían a salvo de la urgencia de la necesidad inmediata o de lo que ahora se llama el “mercado laboral”, cosa que para los que pertenecen a los sectores menos favorecidos ha sido esencial en su batalla contra la desigualdad económica. Los conocimientos adquiridos en el espacio de la escuela y en régimen de igualdad de oportunidades podían modificar la trayectoria biográfica de los desfavorecidos cuando se integraban en la sociedad. Antes de la Ilustración, por así decirlo, los niños y los jóvenes, si es que puede hablarse de tal cosa antes de la Ilustración, estaban mucho mejor adaptados al “mercado laboral”, en el que ingresaban en cuanto estaban físicamente maduros para hacerlo, pero también estaban adaptados a la tiranía y al despotismo. Y da miedo que esto mismo suceda cuando se acabe de desmantelar la Universidad Ilustrada para instalar en su lugar esta otra formación laboral acelerada. Yo creo que la Universidad está al servicio de la sociedad, y que si la sociedad necesita puentes la Universidad tiene que proporcionar los ingenieros capaces de construirlos, de modo que no se caigan a la primera tempestad; pero para eso tienen que aprender a ser ingenieros, es decir, no atender a las expectativas, caprichos o ansiedades de la sociedad, de los políticos ocurrentes, del mercado laboral, de los analistas financieros, o de su familia, sino al coeficiente de torsión del acero, a la resistencia de los materiales o a la densidad del cemento. Y lo mismo vale para el Latín, que también hace un servicio a la sociedad. Es lo que yo llamaría “autonomía del saber”, y diría que sin un saber autónomo la Universidad no puede ser útil socialmente.

 

-La paradoja es que las exigencias del mercado laboral son muy cambiantes, hasta el extremo de que una de las cualidades que más se valora es la adaptabilidad, la capacitación para asumir cometidos de amplio espectro, por así decirlo. En esa línea lo que debiera primar son los saberes amplios y no condicionados a la inmediatez del empleo.

 

-Es llamativo que la reclamación de los empresarios contra el saber académicamente reglado es que éste sobrecualifica a los estudiantes. ¡Nunca habríamos pensado que íbamos a tener que quejarnos de que nuestros estudiantes sabían demasiado!, aunque esto es algo más bien de los tecnócratas del management, no creo que los empresarios de verdad estén involucrados en ello. Lo que se exige a la Universidad es la descualificación del conocimiento, algo que ya se está logrando con los nuevos grados. Estos nuevos tecnócratas son enemigos de la rigidez, pero hay que recordar que no toda rigidez es mala de suyo. Hay al menos dos que no lo son: la rigidez de la ciencia, que procede de las cosas mismas de las que trata y a la cual debe la técnica su eficacia a la hora de transformar la realidad, y la rigidez del derecho, que introduce en las relaciones humanas la inflexibilidad de la justicia que hace la convivencia llevadera y elimina de ella la violencia. A ver si lo que se nos pide es que “flexibilicemos” la investigación a costa de la verdad o las relaciones laborales a costa de la justicia.

 

-Advierte usted de que eso tan traído de la sociedad del conocimiento consiste en realidad en dotar a los universitarios de “habilidades neoproletarias”…

 

-La expresión “sociedad del conocimiento” es un eslogan particularmente preocupante. Con ese rótulo se designa simplemente la extensión social de las tecnologías de la comunicación telemática, bajo la creencia absurda y supersticiosa de que el cambio de medio provocará inmediatamente y por arte de magia un aumento del conocimiento y hasta de la virtud; pero no ocurre solamente que quien es ignorante permanecerá ignorante por muchos ordenadores que se le administren, y que ni el cálculo diferencial ni el solfeo se harán milagrosamente más fáciles por culpa de los artilugios digitales, sino también que quien posee una cultura científica o humanista solvente recibirá estas tecnologías como un bendición que facilitará su tarea, mientras que quien carece de esa cultura sólo podrá utilizarlas para cosas como reservar vuelos baratos o descargar más rápidamente pornografía, actividades que en sí mismas son impecables si se mantienen en los límites de la legalidad, pero que no podemos confundir con la cultura intelectual o con el aumento del conocimiento. Conocimiento no es lo mismo que información, e información no es lo mismo que “datos”. Para que haya información hacen falta periodistas, y para que haya conocimiento hacen falta especialistas.

 

-¿Qué papel le queda a la Universidad?

 

-Hay un papel para la Universidad en las sociedades herederas de los valores ilustrados, no sólo como templo del saber y lugar público de formación superior de los jóvenes, sino también, como acabamos de recordar, como compensadora de los desequilibrios sociales y económicos mediante la igualdad de oportunidades. Puede que algunos políticos hayan decidido que hay que acabar con la Ilustración y con todas las instituciones que encarnaron esos valores. Puede incluso que la sociedad legitime ese programa, aunque lo dudo mucho. Si es así, yo pido que se diga claramente, en lugar de disfrazar el desmantelamiento de estas instituciones hablando de una revolución pedagógica sin precedentes que nos colocará en los puestos de cabeza del ranking internacional del conocimiento basura, o conocimiento rápido, o de una adaptación meteórica a las nuevas tecnologías. No estoy satisfecho con la actual Universidad española, pero la reforma que necesita no es la de los tecnócratas que quieren proceder a su privatización moral.

 

-Íbamos a refundar el capitalismo y, en realidad, nos extorsionan los mismos que nos metieron en esto.

 

-Yo creo que los tecnócratas que han diseñado el Espacio Europeo de Educación Superior saben de la Universidad lo mismo que los analistas financieros que provocaron la crisis saben de las empresas, es decir, absolutamente nada, si excluimos el instinto infalible para saber de dónde sacar el dinero. Y las agencias de evaluación de la calidad que velan por la docencia y la investigación funcionan exactamente igual que las agencias de calificación del riesgo que hoy hunden países enteros y ayer encontraron completamente sanas empresas a las que sólo quedaban veinticuatro horas de vida. El mero hecho de que se llegase a hablar de una “refundación del capitalismo” prueba no solamente las cotas tan altas que puede alcanzar la propaganda cuando su discurso está completamente vacío e hinchado únicamente de aire retórico, sino también la idea que estos mismos tecnócratas de las escuelas de negocios se hacen de la sociedad, como si fuese un juguete que se puede armar y desarmar como los niños hacían antes con sus rompecabezas, y no un delicado dispositivo que reposa sobre siglos de tradición y mares de sangre.

 

-Da la impresión de que al final las aguas económicas volverán a su cauce y sólo quedarán fuera de juego quienes no hayan conseguido reconvertirse, esos de los que usted habla en Nunca la basura fue tan hermosa, su libro más reciente.

 

-Sí, pero lo malo es que ésos, los no indefinidamente reciclables, somos nosotros. La idea, tan propia de nuestro tiempo, de edificios u objetos que ya de entrada se conciben para el reciclaje -y, por tanto, aunque suene un poco mal, que ya de entrada se conciben como basura- da lugar a un tipo de entidades y de construcciones que nos son muy familiares, que carecen de toda consistencia porque pueden ser inmediatamente transformadas en cualquier otra cosa: centros de convenciones, hospitales, viviendas familiares, hoteles u oficinas. Este mismo modelo es inaplicable a los seres humanos, porque éstos no son infinitamente reciclables ni están concebidos de origen con ese fin, sino, al contrario, con el de morirse. El dolor que produce el enfrentar una y otra vez a los seres finitos y vulnerables que somos al imperativo social de la reconversión y el reciclaje es uno de los principales componentes del malestar de nuestras sociedades, engatusadas con la ideología del rejuvenecimiento constante sin sufrimiento ni muerte. Y con el añadido de la sensación de culpa que se genera en quienes sienten su incapacidad para reciclarse como una tara psicológica que los inhabilita para el éxito.

 

-Los mercados son temerosos, las crisis tienen un fuerte componente psicológico y los inversores actúan, según Almunia, como miopes que sólo perciben perfiles difusos. Parece que nunca hemos estado a merced de dioses tan patosos.

 

-Bueno, los dioses en general siempre fueron peores que los hombres, según decía Walter Benjamin. Y los que estaban hambrientos de guerra y sangre no eran precisamente mejores que estos de las finanzas, lo malo no es la incertidumbre que genera el mercado, o la miopía de los inversores. Lo malo es que la política esté a merced de esos miopes.

 

-Aunque le pese a Bob Dylan, para usted los tiempos no están cambiando.

 

-Bueno, digamos que cuando escucho decir todo eso de que estamos viviendo un cambio de era inaudito, que todo lo que hemos aprendido y heredado ya no nos servirá de nada porque nos aproximamos a un período de inseguridad, incertidumbre, transformaciones imprevisibles y constantes mutaciones…, o eso otro tan socorrido de que “tenemos que cambiar el chip”, me da la impresión de que se trata de mantenernos entumecidos por el miedo para que abandonemos sin resistencia conquistas que llevaron mucho tiempo y esfuerzo, como se resume en aquella genial viñeta de El Roto cuya letra decía: “Por su propia seguridad, permanezcan asustados”. No niego que las cosas se han modificado de un modo importante en los últimos doscientos años, algunas no lo suficiente, por cierto, pero creo que mientras no esté claro que tenemos una alternativa a nuestras viejas democracias parlamentarias y nuestro amenazado Estado de derecho es mejor que no lo vendamos demasiado barato, que ya sufre demasiadas erosiones por parte de sus enemigos.

Fuente: http://www.laopinioncoruna.es/cultura/2010/05/16/jose-luis-pardo-hay-desmantelamiento-universidad-disfrazado-revolucion-pedagogica/385233.html