No al puerto de Granadilla [12.11.2011]

Las protestas contra el futuro puerto de Granadilla son, independientemente de los contundentes e irrefutables argumentos medioambientales en su contra, el catalizador de la indignación de siglos de los canarios y las canarias contra los abusos del poder, el símbolo de la resistencia de un pueblo frente a sus ilegítimos dominadores.

Germánico Álvarez*

La lucha contra el proyecto del puerto de Granadilla, ya en construcción, es una de las más tenaces y largas luchas sociales llevadas a cabo en el seno de la sociedad canaria. También ha sido probablemente una de las más multitudinarias y de las que más adhesiones ha generado, dentro y fuera del archipiélago. Y por fin, cuarenta años después de la publicación del proyecto en el BOE, se perpetra este despropósito de hormigón, monumento elocuentísimo de la terquedad y la soberbia de nuestra clase política que, generación tras generación, ha ignorado sistemáticamente las demandas de una parte muy significativa de la sociedad tinerfeña que se oponía y se opone a la construcción del susodicho. Y se dicen demócratas. Serían demócratas si hubiesen sometido el proyecto a referéndum, y si hubiesen permitido que el diálogo y el debate en el seno de la opinión pública se hubiera desarrollado de forma normal y, sobre todo, civilizada, lo cual no ocurrió. En su lugar hubo manipulación, encubrimiento, demonización, presiones ilegítimas, coacciones,… en fin, maneras más propias de una mafia que de un gobierno auténticamente democrático. Y es que el problema de fondo, la cuestión que tanto solivianta al sufrido pueblo tinerfeño, y también canario, es la sensación que existe desde hace mucho en esta tierra de que el pueblo no cuenta. Que los gobernantes, herederos muchos de ellos de antiguas dinastías ligadas al poder y la influencia en las islas, hacen y deshacen a su antojo en pro de sus intereses privados, en lugar del interés del pueblo.

 

En Canarias no existe auténtica libertad de expresión sencillamente porque no existe una auténtica opinión pública, ejerciente de su función de voz del pueblo, donde todos puedan expresarse sin cortapisas y en igualdad de condiciones. En Canarias no existe, ni ha existido jamás justicia social alguna. Somos la región más pobre del Estado español , depauperada y subdesarrollada; los índices de desarrollo son, hablando en plata, para echarse a llorar.  Y el cacique, ahora el político, nunca hizo nada para paliar el sufrimiento del pueblo, que soporta con infinita resignación los palos de la vida y que tantas veces se ha visto obligado a exiliarse de su amada tierra en busca del incierto porvenir.  Esta sociedad se construyó por la mano de las armas del colonizador, por la esclavitud y la tiranía. Esa consciencia persiste en el sustrato más hondo de esta sociedad, y periódicamente emerge como un clamor de indignación contra la injusticia flagrante que imponen los caciques de esta sufrida tierra. Las protestas contra el futuro puerto de Granadilla son, independientemente de los contundentes e irrefutables argumentos medioambientales en su contra, el catalizador de la indignación de siglos de los canarios y las canarias contra los abusos del poder, el símbolo de la resistencia de un pueblo frente a sus ilegítimos dominadores.

         *Germánico Álvarez es colaborador habitual de www.amec.wordpress.com
               **Cartel y dibujo: Diana Desireé López Bouza