BARTOLOMÉ GARCÍA LORENZO

A FINALES DE SEPTIEMBRE DE 1976 ERA VILMENTE ASESINADO EN S/C DE TENERIFE EL ESTUDIANTE BARTOLOMÉ GARCÍA LORENZO.

EN EL 35 ANIVERSARIO, RECUPERAR LA MEMORIA, PROYECTAR EL FUTURO HACIA LA LIBERTAD Y LA JUSTICIA SOCIAL.

Los sucesos en torno al asesinato del estudiante de Magisterio Bartolomé García Lorenzo supusieron una de las mayores movilizaciones sociales de la historia reciente de Canarias. El nivel de confrontación alcanzado en aquellos días de hace ahora 35 años no se habían vivido nunca hasta entonces en estas islas y no se volvió a dar nada igual posteriormente.

Lo inusitado del caso es que miles de personas tomaron en su mano la extensión de la movilización en la calle, en las pintadas por los polígonos industriales y barrios obreros, en las hojillas, en las intervenciones espontáneas, en piquetes que se auto organizaban para lograr  manifestaciones multitudinarias, en mantener cerrada a la entrada de las fuerzas del orden toda la demarcación urbana de Somosierra y aledaños, con corte de circulación en la autopista y en el llamamiento a la huelga general.

Las respuestas que se dieron en aquel momento, la convocatoria de huelga general, las manifestaciones en la calle y los enfrentamientos con las llamadas fuerzas del orden eran las adecuadas a lo que acababa de suceder, el asesinato de un joven estudiante al que le segaron su derecho a la vida y a su futuro.

Pero además, estas respuestas se daban cuando se pretendía golpear el derecho a la expresión y manifestación por parte de las fuerzas de orden público. Fueron numerosas las personas detenidas en aquellos momentos por simplemente manifestarse o por realizar pintadas llamando a la huelga general. Obviamente, lo que se pretendía con ese terror institucional era amedrentar a la población.

La institucionalidad en sus diversas formas, copada por elementos de la derecha, trató de que los acontecimientos no se les desbordaran recurriendo a todos los medios a su alcance. Ante el tinte que iba cobrando la lucha en la calle algunas personas de las fuerzas políticas y sindicales de izquierda se apuraron a sumarse a los llamamientos a la calma. Esta pasividad y colaboración facilitó que los responsables políticos y criminales de los hechos quedaran impunes.

Las movilizaciones tenían como lugar de organización y extensión de la lucha la barriada de Somosierra de conjunto, que había quedado en los hechos tomada por los manifestantes, de allí salían los piquetes para convocar la huelga, se compartía información de las últimas novedades, se realizaban las asambleas… Somosierra era el lugar de partida de las manifestaciones que se realizaron en aquellos días. Por ello, el objetivo del Gobierno era  liquidar el movimiento golpeando en el corazón del mismo, es así como la policía se aplica a fondo para retomar la situación en la barriada para a partir de ahí liquidar esta movilización. La improvisación del movimiento, la falta de claridad en los objetivos, la carencia de una estructura mínimamente consolidada y de una coordinación que estuviera a la altura de las circunstancias contribuyeron a su pronta desaparición.

Sin embargo, su propia existencia, aunque fuera efímera, señaló un camino en la lucha y marcó un hito en la historia de los movimientos sociales en las islas.

Estos hechos no pueden ser olvidados pero tampoco edulcorados en aras de llegar a un consenso con los herederos de aquellos criminales, no solo los que llevaban las metralletas y las descargaron sobre un joven estudiante indefenso, sino sus inductores políticos, los que se habían aprovechado durante décadas de la tiranía impuesta un 18 de julio de 1936 por una casta militar traidora a la democracia y a la justicia social.

Aquel acto criminal se da en el marco de la llamada transición, todavía no se había aprobado la sacrosanta constitución española, además, por aquel entonces todavía no había gobiernos autónomos, los franquistas reconvertidos a demócratas gobiernan en las principales instituciones, en el Ayuntamiento de Santa Cruz  de Tenerife el alcalde Leoncio Oramas (dueño de compañía de guaguas de la isla), en el Cabildo era presidente Rafael Clavijo y el Gobierno del Estado estaba presidido por Adolfo Suárez, conformado también por otros elementos marcadamente franquistas como Martín Villa y Manuel Fraga, su representante en el Gobierno civil  de la provincia era Rafael Mombiedro de la Torre.

En aquellos años fueron numerosos los crímenes cometidos desde los aparatos del Estado y aledaños  contra diversos activistas sociales y políticos de la izquierda. El asesinato selectivo respondía a una estrategia preconcebida, perpetrado desde las fauces del Estado, alimentado por las hienas del antiguo régimen que pretendían frenar el curso de la historia y cercenar los anhelos de libertad de los pueblos.

El asesinato de Bartolomé García Lorenzo es un hecho que significó un nivel de confrontación muy grande con el poder establecido, desvelando ante una sociedad adormecida la naturaleza de sus llamadas fuerzas del orden y que abrió los ojos sobre la casta política que controlaba las instituciones. Una generación de activistas sociales fue en una u otra medida marcada por aquellos hechos, que les permitió dar un salto en su conciencia y comprender mejor las perspectivas que se abrían en la lucha política y social contemporánea en las islas y en el mundo.

Ahora que los pueblos comienzan a retomar su camino en la lucha, el hilo conductor de aquella confrontación de hace ahora 35 años y su significado nos debe servir para hilvanar el combate de este momento en contra de las políticas neoliberales que nos están imponiendo los poderes establecidos en la Unión Europea, en el Estado español y en Canarias. La respuesta al asesinato de Bartolomé  es una importante lección a tener en cuenta en nuestro camino por la emancipación social.

Por todo ello, 35 años después, rememoramos aquellos hechos por los que un joven estudiante, que aspiraba a ser maestro de escuela, era vilmente ametrallado con el afán oscuro de detener la historia o, más en concreto, encausarla a beneficio de unos pocos.

Hoy como ayer, decimos alto y claro: “Bartolomé, hermano, nosotros no olvidamos.”

 

Canarias, a 24 de septiembre de 2011